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viernes 13 de marzo de 2009

Tarot: el oráculo del presente

El Tarot es un valioso aliado para quienes trabajamos como facilitadores de desarrollo personal (psicólogos, psiquiatras, terapeutas, sanadores, etc.), siempre y cuando su uso esté orientado a dicha finalidad. Cuando el empleo de las cartas apunta hacia otro ámbito (diversión, adivinación, etc.) se develan automáticamente sus potenciales riesgos.

En términos muy generales, podemos dividir el uso del Tarot en dos formas básicas. En primer lugar, tenemos el Tarot “adivinatorio”, cuyo objetivo principal es adivinar (de ahí su nombre) eventos y sucesos que aún no le ocurren al consultante y/o a otra persona vinculada a éste. Por lo general es el formato más conocido por el público y no es difícil reconocer el hecho de que abundan tarotistas y oráculos dedicados a leer en las cartas el porvenir de sus clientes.

En segundo lugar, tenemos el Tarot “exploratorio” o “terapéutico”, cuyo uso tiene como finalidad ayudar al consultante a superar problemas personales, aclarar ideas e intuiciones, tomar decisiones difíciles y, antes que todo, contribuir a su bienestar psicológico (y por qué no decirlo, espiritual). Usualmente se llama a quienes trabajan desde este enfoque “tarólogos” para diferenciarlos de los “tarotistas” que practican las artes adivinatorias.

Desde el punto de vista de quienes trabajamos con el Tarot con fines terapéuticos, su uso oracular esconde varios riesgos en lo que al bienestar del consultante se refiere. Principalmente, estos riesgos tienen que ver con la dinámica psicológica que la predicción suscita en la persona a quien, de un momento a otro, le han afirmado que en tanto tiempo más le ocurrirá tal cosa y con tales consecuencias.

Según las tradiciones espirituales de oriente y occidente, nuestra existencia entera se despliega en un eterno presente. El pasado está conformado por el recuerdo de experiencias que ya ocurrieron y el futuro es una fantasía de las vivencias por venir, siendo el presente el único momento que efectivamente existe. Este presente se expresa momento a momento en nuestra experiencia concreta, siempre cambiante, y si alguna vez tenemos la vivencia del pasado o el futuro, siempre es a través de la conciencia presente. Esta visión es compartida también por la psicología humanista y transpersonal.

Así pues, cualquier intento por descubrir los eventos del futuro significará sacar al consultante del único tiempo que existe, el único momento en que debe estar enfocado, que es el presente. Es en el presente donde vivimos nuestras emociones y donde se expresa nuestra existencia, no en el recuerdo de lo que fue ni en la ilusión de lo que vendrá, de ahí la importancia de “estar en el aquí y ahora”, tal como lo recalca la terapia Gestalt.

En este sentido, cuando el tarotista predice un evento que ocurrirá en algún momento futuro, sea este cercano o lejano, lo que hace es literalmente venderle al consultante una temporada de ansiedad y angustia. “Te vas a casar con un hombre de tales características de aquí a 3 años”… 3 años de angustiante búsqueda del marido predicho. “Vas a morir en un terrible accidente en poco tiempo más”… una lamentable espera a la llegada de la muerte que lo obliga a uno a vivir segundo a segundo en un estado de expectación ansiosa. ¡Al final uno se muere de los puros nervios!

Entonces, ¿qué es lo que ofrece el enfoque “exploratorio” del Tarot? Simplemente focalizar la atención del consultante sobre su estado presente para poder así revisar, utilizando las cartas como apoyo, cómo él o ella se enfrenta a la problemática que le aqueja.

El potente simbolismo de los arcanos del Tarot sirve como un espejo para la conciencia del consultante. En las cartas la persona proyecta y reconoce sus sentimientos, vivencias, miedos, condicionamientos, inseguridades, dolores, alegrías, etc., los que gracias al diálogo con el tarólogo paulatinamente van cobrando mayor claridad y diferenciación. Es sólo cuando estas vivencias y sensaciones son experimentadas con nitidez que resulta posible “procesarlas”, “metabolizarlas” y, finalmente, “limpiarlas”.

Desde este enfoque, la lectura no la hace el tarólogo. Tampoco la hace el consultante. El trabajo requiere que ambos establezcan una relación de cooperación y de mutua empatía donde las imágenes de las cartas, la intuición de sus significados, la emergencia de los sentimientos en la persona y el diálogo atento y consciente faciliten el procesamiento emocional, la clarificación y la consiguiente sanación.

De este modo, cuando el trabajo con los arcanos del Tarot se orienta desde un enfoque que privilegia el estar consciente y atento a lo que momento a momento sentimos y vivenciamos en relación a cualquier asunto (amor, trabajo, estudios, familia, etc.), los beneficios pueden ser muchos. Esta visión transforma al Tarot en una herramienta terapéutica sensacional para complementar la psicoterapia tradicional, especialmente de orientación humanista. Con el Tarot se devela el ser del consultante, así como su sabiduría interna y sus recursos para sanarse a sí mismo a través del autoconocimiento.


Matías Méndez López

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* Este breve artículo será publicado en la edición de Abril de 2009 de la revista Uno Mismo, Chile.

* CONSULTAS (Stgo.): tarot.mml@gmail.com / 8 5740868 (Matías)

2 respuestas:

José Luis Contreras Muñoz dijo...

El tarot en cualquiera de sus dos dimensiones es un enigma para mi,desconozco absolutamente el tema.

MML dijo...

Hay mucho que explorar en el tarot, pues es un enigma que sólo se resuelve en la práctica. No hay libro ni maestro que pueda transmitirte lo esencial de los Arcanos, pues esa esencia es propia de cada uno, siempre es única y no puede ser transmitida (tanto para cada tarólogo/tarotista como para cada consultante).