Contáctate con nosotros: psi.perenne@gmail.com
Suscríbete a Psicología Perenne

jueves, 10 de abril de 2008

Espontaneidad v/s Impulsividad

El martes recién pasado estuve moderando una actividad con un grupo de estudiantes del Seminario de Perspectiva Humanista-Transpersonal en la Escuela de Psicología UDP que tenía que ver con la naturaleza de aquellos mandatos conscientes e inconscientes que introyectamos a partir de nuestro condicionamiento social, familiar, cultural, etc. La actividad resultó ser muy interesante y didáctica para entender ese fenómeno dentro del marco de la psicología de la Gestalt, pero por sobre todo fue muy valiosa por las reflexiones y comprensiones a las que arribamos durante la discusión.
Entre los temas que fueron tocados estuvo el asunto de la espontaneidad. Ser espontáneo como ideal de la psicología humanista, como único criterio fundamental de salud y ajuste psicológico desde el enfoque gestáltico. Es cierto que hay otros tantos criterios de salud desde esa perspectiva, pero si se piensa un poco, quizás todos ellos se reducen a la cuestión del ser espontáneo como muestra de libre funcionamiento.
Ahora bien, la discusión que se generó giró en torno a la diferencia entre espontaneidad e impulsividad. Ambos conceptos tienden a ser homologados muchas veces, producto de la confusión y el condicionamiento del sistema. Quien confunde ambas cualidades o actitudes cae en un profundo error; un error que acaba por limitar el potencial del desarrollo pues coarta la libertad de ser y hacer a propósito de un ideal de control y ajuste societal.
Desde el sentido común, ser espontáneo es hacer lo que te dé la gana en el momento que sea. Si quieres cantar en el metro, cantas. Si quieres bailar en una plaza, bailas. Si quieres abrazar a un desconocido, lo abrazas. Se trata sin más de obedecer el impulso y dejarte llevar por la emoción del momento, actuando en forma "libre" y relajada. Por su parte, ser impulsivo puede ser definido de la misma manera, sólo que socialmente este adjetivo tiene una valoración un tanto más negativa. Si eres impulsivo actúas de acuerdo a tu impulso del momento sin pensarlo dos veces, tal como ocurre con la espontaneidad. Lo que es diferente son los ejemplos que irían asociados al ser impulsivo. Si quieres gritarle al micrero, le gritas. Si pasas por el frente de un casino y tienes algo de dinero, entras y lo apuestas todo. Eso es ser impulsivo.
Ahora bien, desde la mirada del sistema, tanto quien es impulsivo como quien es espontáneo constituye una desviación a la norma. Bien sea que se exprese amor o creatividad en la acción, o bien destructividad, violencia o descontrol, el que actúa según el impulso del momento se sale de los cánones de la conducta "adaptada" socialmente. Y es por esta igualación entre espontaneidad e impulsividad que los espontáneos son condenados de igual manera que los impulsivos.
Es preciso entender que existe una diferencia fundamental entre ser uno u otro. Esta diferencia radica en el origen del impulso y la naturaleza de la acción que es puesta en marcha a propósito del sentimiento del momento.
Quien actúa de manera impulsiva actúa de acuerdo a cualquier impulso que le viene en el momento. Este impulso puede tener que ver con una idea, un sentimiento, una emoción o todas juntas a la vez. Apenas emerge esta idea en la cabeza, se sigue la acción y se lleva a cabo una conducta impulsiva. El problema radica en que la respuesta impulsiva proviene de impulsos que no son adaptativos en tanto que no provienen de la valoración organísmica del sujeto, sino de la superficialidad de sus condicionamientos y tendencias inconscientes. Nuestro psiquismo está plagado de elementos inconscientes que no han sido integrados al flujo de nuestra experiencia consciente, lo que implica que desde el refugio de la sombra pueden actuar haciéndonos actuar de maneras que muchas veces nos sorprenden, pues el orgien de la activación no puede ser rastreado entre nuestras preferencias, ideales y tendencias conscientes. El impulsivo actúa desde lo no-integrado, lo que implica que su conducta muchas veces pueda ser desadaptada, sin conducir a su desarrollo ni a la adecuada satisfacción de sus necesidades.
Quien actúa de manera espontánea lo hace siguendo las tendencias que emana su valoración organísmica. Nuestro organismo tiene la sabiduría suficiente como para "decirnos" cómo reaccionar ante el medio de manera tal que nuestras acciones conduzcan a nuestro desarrollo y a la satisfacción de nuestras necesidades. Esta sabiduría yace bajo el manto de condicionamientos y mandatos conscientes e inconscientes que prediponen nuestras respuestas y nos conducen a la infelicidad. Quien es espontáneo se contacta con su ser más profundo y sigue su corazón, actuando según sus sugerencias y tendencias. Actúa desde la integración, lo que supone que sus conductas tiendan a la adaptación y la creatividad verdadera; al libre funcionamiento, a la liberación. Así pues, no es lo mismo abrazar por amor verdadero que por impulsos sexuales reprimidos (un ejemplo MUY BURDO, pero ilustrativo hasta cierto punto).
Esta es una reflexión muy general que viene de la discusión con los estudiantes del Seminario. Por ello no ha sido procesada muy exhaustivamente. Por eso invito a que den sus opiniones, complementen, critiquen, teoricen, etc. para ver si algo de esto es cierto.

Saludos a todos.
Matías Méndez López

8 comentarios:

Alejandro dijo...

Coincido contigo, y tambien creo que impulsividad y espontaneidad son terminos que se entrecruzan en nuestro lenguaje cotidiano.

La impulsividad a pesar de parecer un acto espontáneo y contundente tienen detrás de sí una compleja urdimbre de restricciones que el individuo se ha autoimpuesto. Es decir, la impulsividad es ese derroche de energía que surge después de una prolongada conducta restrictiva, después de una represión cáustica de los impulsos. Si la energía busca fluir libremente a través de sus vehículos, en el ser humano las limitaciones que el ser introyecta de modelos patológicos o caducos impiden que esta energía se distribuya de manera libre; la energía se estanca y se materializa de formas destructivas, una de ellas es el impulso descontrolado. La impulsividad es así la manifestación de un deseo, truncado, del sí mismo. El demonio mensajero de un dios que se ha perdido en el olvido.

Por otra parte la espontaneidad es reflejo de la creatividad del ser. Este ser creativo es quizá el numen de la terapia gestaltica, y se puede decir que está representado por el famoso “aquí y ahora”. En la gestalt hay un proceso que se denomina “ciclo de la experiencia” que va del darse cuenta de una necesidad al satisfacerla y retirarse, cualquier interrupción en este ciclo deviene en una vivencia patológica y dolorosa. Ser espontáneo es llevar a cabo el deseo que proviene del centro del ser, este deseo es un mensaje que Dios dicta y que marca una pauta de comportamiento; el hombre espontaneo, inundado de la fe que lo caracteriza, cursa este transito sagrado y satisface no a su ego terrenal sino a su Imago Dei que es la sustancia que le es inmanente. Ser espontáneo no es hacer lo que queramos, es hacer lo que Dios quiere, no satisfacer a la limitada estructura yoica que sólo pide para sí, sino entrar en contacto con el sí mismo omnipotente y dejarse llevar por su mano, cual río que nos transporta al inmenso océano del pleroma.

Felipe Landaeta dijo...

Buenas.

Está interesante el tema.

La verdad creo que impulsividad y espontaneidad se entrecruzan en el fondo.

Creo que por ejemplo la creatividad es en parte un impulso espontáneo, así como cuando los amantes se encuentran y dan rienda suelta a sus impulsos de encuentro amoroso.

El sexo puede ser un acto que surge a partir de impulsos sexuales, donde se mezcla el amor con la agresión... y así podría seguir.

Creo que podría agregarse el término de "acting out", en relación con la impulsividad. Cuando la persona lleva a la acción en el mundo un impulso que intenta descargar una energía o conflicto interno, no llegando a su resolución.

Esto es algo que se puede observar en las sesiones con estados no ordinarios, en algunos momentos complejos algunas personas llevan a la acción un impulso, por ejemplo, la muerte del ego puede confundirse con una muerte real, y la persona puede que intente salir corriendo o tenga una crisis de confianza.

Grof cuenta muchas de estas experiencias en sus libros.

Por ejemplo existen diferencias entre un impulso autoagresivo llevado a la acción y cometer suicidio, que un impulso creativo como las pinturas de dalí.

Los resultados y el nivel de ecología propia y para el medio son sumamente distintos.

Creo que cuando pasamos a llevar a los demás y los afectamos negativamente, independiente que sea impulso o espontaneidad, estamos frente a un problema a resolver.

Wireless dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Dianitzia Palencia dijo...

wooow!! que interesante!!

La espontaneidad surge desde la conciencia del ser, que te lleva a la autoaceptación y la LIBERTAD verdadera. Mientras que la naturaleza de los actos impulsivos es inconsciente, en este caso permaneces SIN LIBERTAD, no decides desde la conciencia.

El impulsivo "reacciona" a sus experiencias ... el espontaneo "crea" sus experiencias.

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
SD dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.